“Pero si me operaron, ¿por qué tengo que hacer rehabilitación del suelo pélvico?” Es la pregunta más frecuente que me hacen las mujeres que han tenido una cesárea. La respuesta tiene dos partes: la primera es que el suelo pélvico ha soportado el embarazo durante nueve meses. La segunda es que la cicatriz de la cesárea puede dar más problemas de los que parece.
La cesárea es una cirugía mayor que resuelve el problema del parto, pero no deja el cuerpo igual que antes. Y el suelo pélvico — aunque no haya habido parto vaginal — no sale intacto del proceso.
Por qué el suelo pélvico necesita rehabilitación tras cesárea
El embarazo ya lo había cambiado
Durante nueve meses, el útero en crecimiento ha presionado sobre el suelo pélvico. Los cambios hormonales han ablandado el tejido conjuntivo. La postura ha cambiado. El core ha tenido que adaptarse.
Todo eso ocurre independientemente de cómo acaba el parto. La cesárea no borra los efectos del embarazo sobre el suelo pélvico.
La cicatriz de cesárea
La incisión transversa en el abdomen bajo afecta a la pared abdominal, la fascia y, en algunos casos, a las estructuras adyacentes (vejiga, epiplón, peritoneo). La cicatrización puede generar adherencias:
- Entre la piel y las capas más profundas
- Entre el útero y la vejiga
- En el peritoneo y las fascias abdominales
Esas adherencias pueden:
- Limitar la movilidad de la vejiga y causar urgencia urinaria o dificultad para vaciarla
- Crear tensión sobre las fascias pélvicas que afecte al suelo pélvico
- Generar dolor pélvico crónico de baja intensidad
- Dificultar la activación del core profundo
El tratamiento de la cicatriz de cesárea — que puede empezarse aproximadamente a las 6-8 semanas postparto — es parte fundamental de la rehabilitación postparto.
¿Tuviste una cesárea y nadie te habló de rehabilitar la cicatriz ni el suelo pélvico? Es el momento de empezar, sin importar cuánto tiempo haya pasado.
Reserva tu primera consulta — 45 €La diástasis abdominal en mujeres con cesárea
La diástasis abdominal no es exclusiva del parto vaginal. El embarazo la genera, y la cesárea puede incluso complicarla: la incisión interrumpe algunas fibras de la pared abdominal y puede crear un patrón de activación muscular compensatorio que perpetúe la separación.
En mujeres con cicatriz de cesárea y diástasis, el trabajo de rehabilitación abdominal necesita abordar ambos componentes de forma integrada.
La recuperación del core
Después de una cesárea, el core no funciona de forma normal. Los músculos abdominales superficiales han sido retractados durante la cirugía. Las fascias han sido cortadas. El sistema de activación del core profundo puede estar inhibido.
La rehabilitación del core postparto tras cesárea — transverso, diafragma, suelo pélvico — tiene que hacerse de forma gradual, respetando los tiempos de cicatrización y partiendo desde la base, no desde el abdomen superficial.
Síntomas que no hay que ignorar
Tras una cesárea, hay síntomas que merecen evaluación:
- Pérdidas de orina: aunque no hubo parto vaginal, pueden aparecer por los cambios del embarazo
- Dolor en la cicatriz de cesárea al tacto, meses después de la operación: puede indicar adherencias tratables
- Sensación de tirantez o presión en la zona baja del abdomen
- Dolor en las relaciones sexuales: puede estar relacionado con las adherencias de la cicatriz
- Dolor lumbar que ha empeorado desde el parto
- Problemas digestivos: digestión lenta, gases, estreñimiento
Hay un mito muy extendido que dice que la cesárea “protege” el suelo pélvico. Protege parcialmente frente a los traumatismos del parto vaginal. Pero no protege del embarazo, no evita la diástasis y añade la complicación de la cicatriz. La rehabilitación tras cesárea no es opcional — es necesaria.