Muchas mujeres lo describen como “algo que se cae” o “una presión que no estaba antes”. Otras descubren su prolapso casi por accidente, durante una revisión ginecológica rutinaria. En cualquier caso, la primera reacción suele ser miedo — y a menudo, falta de información.
El prolapso de órganos pélvicos ocurre cuando los músculos, ligamentos y fascias que sostienen los órganos de la pelvis se debilitan o se estiran, permitiendo que uno o varios órganos desciendan hacia la vagina o incluso sobresalgan al exterior.
No es una enfermedad rara. Se estima que afecta a alrededor del 50% de las mujeres que han tenido partos vaginales (revisión sobre epidemiología del prolapso, 2025), aunque muchas no tienen síntomas o estos son leves.
Tipos de prolapso
Hay varios tipos según qué órgano está implicado:
Cistocele (prolapso de vejiga). Es el más frecuente. La pared anterior de la vagina pierde soporte y la vejiga desciende hacia ella. Puede causar dificultad para vaciar la vejiga, sensación de presión o pérdidas de orina.
Uretrocele. Solo desciende la uretra.
Rectocele (prolapso de recto). La pared posterior de la vagina cede y el recto presiona contra ella. Puede producir dificultad para defecar, sensación de vaciado incompleto o presión posterior.
Enterocele. Es el descenso de una parte o de la totalidad de las asas intestinales, que empujan la parte superior de la vagina. Puede causar estreñimiento (empeorando la sintomatología) y sensación de evacuación incompleta.
Prolapso uterino. El útero desciende por el canal vaginal. Puede ser parcial o completo, con salida del útero al exterior.
Cúpula vaginal (tras histerectomía). En mujeres sin útero, puede descender el fondo de la cúpula vaginal.
Grados de prolapso
El sistema de clasificación más usado va del grado 0 (sin prolapso) al grado 4 (prolapso completo). Los grados 1 y 2 son los más frecuentes y los que mejor responden al tratamiento conservador.
Síntomas: lo que sientes
Los síntomas varían mucho de una mujer a otra. Algunas tienen un prolapso de grado 2 y no sienten nada; otras tienen uno de grado 1 y tienen síntomas molestos.
Los más frecuentes son:
- Sensación de bulto, presión o peso en la zona genital (típicamente peor al final del día o después de mucho tiempo de pie)
- Sensación de “algo que se cae” dentro
- Dificultad para vaciar la vejiga o el intestino
- Dolor o molestias en la zona lumbar o pélvica baja
- Cambios en las relaciones sexuales (sensación diferente, menos sensibilidad, molestias)
Muchas mujeres notan más los síntomas al final del día, después de estar mucho tiempo de pie, o al hacer esfuerzos. Por la mañana, después de descansar, el prolapso “sube” y los síntomas mejoran.
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Aquí está la información más importante que muchas mujeres no reciben: la cirugía no es el único tratamiento, ni el primero que hay que probar.
En prolapsos de grado 1 y 2, la rehabilitación pélvica puede:
- Reducir significativamente los síntomas
- Mejorar el tono y la función del suelo pélvico
- Frenar la progresión del prolapso
- En algunos casos, mejorar el grado en las mediciones de seguimiento
El tratamiento conservador incluye fisioterapia de suelo pélvico, gestión de la presión abdominal, adaptación de la actividad física y, en algunos casos, uso de pesario (un dispositivo intravaginal que ofrece soporte mecánico). En los casos más complejos es interesante el trabajo conjunto con ginecólogos especializados en suelo pélvico, para la medición del prolapso y la valoración del uso de otras técnicas, como por ejemplo el láser, y su posterior seguimiento.
La cirugía se reserva para casos severos, sintomáticos y cuando el tratamiento conservador no ha sido suficiente.
Qué empeora el prolapso
Ciertos factores pueden hacer progresar un prolapso existente:
- Esfuerzos repetidos con mala gestión de la presión abdominal (levantar peso, correr, ejercicio de alto impacto sin preparación)
- Estreñimiento crónico con pujos fuertes
- Tos crónica
- Menopausia sin tratamiento del suelo pélvico
Conocer estos factores no es para generar miedo, sino para saber qué ajustar. Muchas actividades cotidianas pueden hacerse de forma segura con pequeñas modificaciones.
Tengo pacientes que llevan años sin ir a la piscina, sin hacer yoga, sin hacer nada que implique esfuerzo — porque les dijeron que el prolapso empeora con el movimiento y ya está. Eso no es correcto. El movimiento bien gestionado es parte del tratamiento, no del problema.